martes, 30 de enero de 2018

Bien milonga

                         Bailar el tango con vos, firuleteado,
                         quebrar el aire, correr siempre abrazados,  
                         doblar un "ocho" al final de una mirada,
                         hacerle piernas al amor de una "sentada"
                                                                        
                         Bailar el tango con vos, es embalarse
                         poner el alma en los pies y zigzagueando, 
                         hacerle un "corte" al dolor de cada día
                         y abrirle el pecho al amor, loquita mía
                                                        Martina Iñíguez


Martes 30, último martes de enero 2018, y Bien milonga abre sus puertas como todos los martes del año, para recibir a los milongueros y milongueras que en Madrid buscan el espacio en el cual la música, el piso y el ambiente reúnan las condiciones para pasar una noche entrañable y bien milonga.

Desde las 21 hasta las 0 horas, en la CASA de ARAGÓN, situada en la madrileña Plaza República Argentina nº 6, repartimos firuletes, ochos y adornos de todo tipo, empujados por el compás musical que llega de los altavoces. Circulando que es gerundio y dándole con tutti a los remos que para eso nos juntamos, para bailar echando el resto.

                                           


Y, como es costumbre de la casa, me mando una passeggiata por esos lares del mundo donde le dan caña a la milonga, como nosotros. Más que hobby es una pasión que nos permite disfrutar a tope de los momentos tan lindos que se viven en estos recintos.

Arranco por Singapur, nada menos, donde la orquesta Solo Tango interpreta: Yo soy el tango. Y lo bailan Sebastián Achával y Roxana Suárez para disfrute del público local.

                                    
                                         
Ahora me pianto a Varese-Italia, precisamente a la MilongaMelograno. Allí la pareja que integran  Neri Piliu y Yanina Quiñones, se lucen con esta milonga: Morena, por Esteban Morgado y su conjunto.


Y me tengo que ir a Buenos Aires... porque allí están de vuelta para saludar a la familia y amigos, Sebastián Arce y Mariana Montes. Y se dan un garbeo por La baldosa, en el salón El Pial, donde realizan la exhibición. Bailan sin música primero, luego el tango Indio manso por la orquesta de Carlos Di Sarli y todo el mundo feliz, aplaudiendo. como tiene que ser, claro, con estos dos cracks.

                                         

Después de estas demostraciones no queda otra que planchar el traje, el vestido de turno, lustrar los tarros y... ¡a milonguear!!!                         

lunes, 29 de enero de 2018

Reflexiones de Horacio Ferrer sobre el tango

La consubstanciación de música, versos y canto es indisoluble en canciones en las cuales la palabra, lejos de ser un elemento rítmico, tiene otra trascendencia expresiva y poética. Así concebidos hay tangos de muy diverso contenido argumental y sentimental que encierran las virtudes de pequeñas obras lírico-dramáticas. es el caso de Contramarca (Rossi-Podestá), Galleguita (Pettorossi-Navarrine, El metejón (Goyeneche-Chiarello), Tabaco (Pontier-Contursi), Volver (Gardel-Le Pera), Desencuentro (Troilo-Castifllo), Mensaje (Discépolo-Castillo), Vcntanita de arrabal (Scatasso-Contursi), Confesión (Discépolo), en los que hay monólogos o diálogos tácitos.

Como interpretar es exponer entendiendo lo que se expone, hay buenos intérpretes del tango que sin separar música y letra y sin cambiar o palabras, hacen creaciones de ese conjunto cantable de versos, melodía y armonía, porque la armonía en la música aporta nada menos que los climas. Y otro hecho importante, ya que no se trata de una poesía "leída para los adentros de un lector", es la prosodia, el modo de pronunciar las palabras que se acopla con la prosodia melódica y el todo cantable.

                                         


 (...) La distancia o el momento son decisivos para el tango. O la luz. De mi tango, con Tarantino: "Credo de amor en tango" puedo extraer este párrafo: "El tango cantado, dicho, bailado o tocado al rayo del sol, es como el saludo de un sordomudo con muñones y sin nadie a quien saludar". El tango no es un "servicio nacional obligatorio". Es un arte, un conjunto de artes (también lo que hay de entanguecido en narrativa, pintura, teatro o en cine) que no logra la misma plenitud en todas las sensibilidades. El tango es nocturno, bohemio, barroco, romántico, interior.

Entre el tango y Buenos Aires hay vínculos sutiles. La correspondencia, sin embargo, no es descriptiva (ejemplo: si el ruido de una hormigonera se correspondiera con el tango de Piazzolla, esa música sería insoportable) sino alguna correspondencia de climas. Percibo, metafóricamente que en cada molécula del aire porteño hay un átomo de tango. Porque las melodías del tango son muy de aquí. Y los versos -como la estética corporal de su danza- no son constitutivos como el idioma que hablamos y son escritos por seres de la misma genética cultural que los orfebres de musicales.

Nosotros empleamos ciertos giros melódicos que se corresponden nativamente con el vos pronominal, que no es el resultado de algún decreto de nuestros siglos pasados sino de la naturaleza diferente de nuestra comunidad en su implantación cósmica.

Hablemos de toda la tristeza en todas las artes. "Hoy me desperté con la cama rodeada de blues. Creo que los blues acabarán por matarme". Por de pronto me doy cuenta de que la tristeza es un alto estado de la dignidad humana, ya se apodere de Hamlet o de Werther o de mí. Está claro que el destierro es una fuente de tristezas. Los griegos entendían que los dioses del pago dejaban de protegernos al atravesar nuestras fronteras hacia el exilio. O las tristezas que depara el amor, las que nos regalan la deslealtad en la amistad o el fracaso liso y llano en cualquier orden de la existencia.

Pero el tango no es un ejercicio fatal de la renuncia al júbilo y aún en sus situaciones más trágicas una mujer que canta tango es necesariamente plena y feliz por estar plasmando bien su papel, lo mismo que una actriz en plena y feliz interpretación de la Nora de Casa de muñecas. Los deslindes entre una realidad -la diaria- y la otra realidad -el arte- en el tango son imprecisos porque el que interpreta al tango (bailarín, cantor, músico) va contándonos su propia vida mientras baila, canta o toca.

Y en cada vida penas y dichas  no están demarcadas como regiones, se sumergen matizada e irresistiblemente unas en las otras. Lo musita el tango de Ghirlanda y Garros Pe: "Vivir es un sueño que cuesta la vida".

Y yo adorno estas palabras de Ferrer con el tango que cita al final: Traicionera, de Juan Ghirlanda y Luis Garros Pe. Lo grabó Roberto Goyeneche con la orquesta conducida por Raúl Garello en 1998.

Traicionera - Roberto Goyeneche


sábado, 27 de enero de 2018

Carlos Di Sarli - Testimonios

 Carlos Di Sarli, una leyenda



No me llamaba la atención la orquesta de Carlos Di Sarli. No le daba ningún valor. Me parecía de una ejecución muy simple y yo, hincha de Troilo, sentía como verdad todo lo nuevo, ya me gustaba Piazzolla, por ejemplo. Di Sarli tenía una parte de piano a la que le sacaba un efecto muy especial. Cuando en 1956 me convertí en un intérprete de su orquesta, me di cuenta  de que lo que me parecía sencillo era difícil de interpretar.
Él pedía un matiz que de tan simple resultaba complicado, al menos para los bandoneonistas que teníamos influencias de Aníbal Troilo y de Ástor Piazzolla. Con Troilo y Piazzolla había que tocar fuerte. Con Di Sarli, livianito. Íbamos a clubes que tenían pistas abiertas, como Comunicaciones, por ejemplo y nos exigía que tocáramos livianito, como si estuviéramos en el estudio de la radio.
El efecto Di Sarli era lo que caracterizaba su estilo. Tocaba el tango como había hecho el autor, matizándolo un poquito. Los ligados, el stacatto y el matiz definían el estilo sobre la base pianística que ponía el propio director.  Hoy eso no lo hace nadie. Cuando interpretábamos “Organito de la tarde”, le sacaba un efecto al piano que sonaba como un organito verdadero, después le agregaba un contracanto de violines y el efecto. Eso era todo.
La dificultad mayor de él era contenernos y la nuestra, la de mantenernos medidos. Dirigía como quien empuja un carrito: nos daba un empujón al principio y enseguida largaba. Y la orquesta seguía como impulsada por ese primer envión. El propio Di Sarli era la base de todo. Él hacía los arreglos. Hoy me asombra que con recursos tan simples le haya arrancado a su orquesta un sonido tan lindo.
Como Pugliese de Julio De Caro, él era una derivación de Osvaldo Fresedo. Fresedo era el único músico al que admiraba y ese sentimiento lo sintetizó en el tango que le dedicó: “Milonguero viejo”.
                                       
                                                                                   Julián Plaza

                                     


"La vida no fue amable con este hombre"

En la década del treinta, en su período más negro, tuvo el accidente que le obligó a llevar anteojos negros para siempre. Y ese complejo se agregó a los otros hasta hacerlo brusco, huraño, poco tratable. La vida no fue amable con este hombre triste, al que infligió toda suerte de privaciones por muchos duros años de aprendizaje profesional, y al que luego persiguió en una campaña de rumores maledicentes hasta el mismo momento de su desaparición física. Fue,sin embargo -y podemos asegurarlo-, amigo de verdad de sus amigos y, al cabo, encontró en su segunda esposa y dos niñas el remanso familiar inviolable. 

Entendía el piano tanguero como adornos y campanitas en la mano derecha, una marcación milonguera en la mano izquierda, con potencia poco usual y sonido personalísimo. Inclusive, en la manera de picar los bajos. La orquesta también tocaba así, usando los bandoneones prácticamente sólo para la marcación y la cuerda en largos unísonos cantando la melodía. 
Marcó todos sus arreglos, de los cuales confió la parte mecánica (poner las voces, escribir) a su amigo, el pianista y compositor Emilio Brameri. Tuvo y descubrió cantores, algunos famosos y otros importantes.

Pero su propia grandeza y su lugar ganado en la historia del tango derivan de una trayectoria firme, obstinada, sosteniendo un punto de vista, quizás equivocado, que muchos discuten. Pero esa discusión, ese estilo y el nombre de Carlos Di Sarli han entrado, con justicia, en la leyenda de la música típica.

                                                                       Federico Silva 


                                       

 "Esa manera de comenzar livianito"

La orquesta de Carlos Di Sarli tenía algo que la diferenciaba de las demás. Poseía eso tan difícil de encontrar y que yo llamo fuego sagrado. A mí me gustaba todo: la fuerza que le imprimía a los crescendos, el stacatto fuerte con la derecha, esa manera de comenzar livianito, llegar al fuerte y quedaase en un acorde, mientras arrancaban los violines. Debuté con Di Sarli en 1932 y a partir de ese momento me consustancié con esa forma de ejecución. Sin embargo me fui varias veces de su orquesta. Pero volvía en cuanto él me llamaba.

La primera vez fue en 1941. La segunda fue en 1948. Tuvimos un cambio de palabras y me fui. Di Sarli era un obsesivo de la perfección y era fácil que se enojara cuando advertía alguna falla.
"Ustedes son profesionales", nos decía. Pero no era cuestión de técnica sino de interpretación. Enseguida que me fui desintegró la orquesta y cuando decidió volver, en 1950, me llamó por teléfono y le dije que sí. Seguí con él hasta 1956, cuando los músicos decidieron separarse del maestro y formar Los Señores del Tango. Me fui con ellos.

                                                                 José Verdi

(Publicado en la revista "La Maga" - Agosto de 1994)





jueves, 25 de enero de 2018

Marga

Es el título de un valsecito de Osvaldo Pugliese y Eduardo Moreno, que creo que vale la pena volver a traerlo a la palestra por sus méritos, especialmente la música, ideal para la escucha o los giros en la pista, a su compás. Los valsecitos porteños tienen esa textura que alegra la milonga, como lo hacía en las fiestas de aquellos patios familiares, en el recorrido de los guitarreros anónimos por los cafés de los barrios, o en la voz de cantores aficionados y los consagrados que los ponían de moda.


Claro, llama la atención que Pugliese nunca lo hubiera grabado con su orquesta, atendiendo a a los valores musicales que contiene, pero en este sentido vale la pena recordar lo que decían Ruggiero, Binelli, Roberto Álvarez y tantos otros que pasaron por su orquesta:

-Uno de los grandes méritos del maestro fue incitar a sus músicos para que compusieran y estos temas pasaran a engrosar el repertorio del conjunto. Muchos temas de Osvaldo Pugliese permanecieron anónimos pese a los valores que aquilataban, dándole prioridad, el propio Pugliese, a los que componían sus músicos. En ese sentido, también fue un director ejemplar.

                                 
         
A sus 19 años compuso, el tango que para muchos es el mejor de la historia: Recuerdo. Debió registrarlo a nombre de su padre, por ser menor de edad.  Evidentemente, es muy difícil establecer comparaciones en ese sentido, pero las calidades de Recuerdo, son muy evidentes e incluso avanzadas para la época. La versión de Horacio Salgán con su orquesta vigorizó a esta excepcional pieza, que Pugliese terminó años después, agregándole las variaciones del final.

Pugliese invitaría al poeta, escritor, periodista, Eduardo Moreno, a escuchar el tema en su casa con la posibilidades de agregarle versos al mismo. Moreno era amigo de su hermano Vicente, violinista, conocido familiarmente como Fito. Incluso del otro hermano, el también violinista Alberto, con quien compusiera el vals Rosas olvidadas. Con Osvaldo, en total escribirían 5 temas: El aludido Recuerdo, que Pugliese grabó con su orquesta y la voz de Jorge Maciel en 1966, luego de haberlo consagrado en forma instrumental; los valsecitos Navidad, también con la voz de Maciel en agosto de ese año, Marga y Noche de mayo, y los tangos Prenda querida y Juventud.

 Eduardo Moreno fue un poeta ampuloso, de grandes vivencias, escritura frondosa, que elaboró adherida a la música de numerosos compositores de fama bien ganada. Como Julio De Caro, su hermano Francisco, Raúl Kaplún, José Pascual, Elvino Vardaro, Juan Canaro, Antonio Polito, Cristino Tapia, Ernesto De la Cruz, Enrique Maciel, Anselmo Aieta, Gabriel Clausi, Arturo Gallucci, Alejandro Scarpino, Suárez Villanueva, Carlos Figari, Roberto Maida, Pedro Maffia, Lucio Demare y otros.

                               

En el caso de este valsecito del título que escribiera sobre la música previa de Osvaldo Pugliese, y que lleva como Subtítulo: Un pensamiento, vuelve a expresarse en versos largos, pródigos en expresiones candorosas y poéticamente amorosas, con algo de rebuscamiento, que seguramente aminora los efectos de la melodía sobre el oyente. En la primera parte ya muestra toda su artillería romántica.

Envuelta con la cálida caricia de una flor,
dormida entre la música que entona un ruiseñor,
pone junto a las cálidas canciones mías
su dulce melodía, tu amor.
Vuelvo con el melódico poema arrullador
que encierra la nostálgica pasión de un soñador,
templado en el genial crisol 
de tu hermosura
donde por tí fulgura, 
mi sol...

El poema es extenso y se desarrolla con abundancia de alusiones al amor ensoñado y florido. No tuvo mayor recorrido, y lo grabó la Orquesta Típica Victor, dirigida por Adolfo Carabelli. con el cantor Teófilo Ibáñez, el 14 de febrero de 1931. Osvaldo Pugliese tenía 24 años cuando compuso este valsecito y creo que vale la pena, volver a escucharlo en dicha versión.

Marga - Típica Victor-Teófilo Ibáñez

martes, 23 de enero de 2018

Bien milonga

                 Prendete Catalina
                 vos que sos "mi peor es nada",
                 y enseñale a las pitucas
                 de Florida
                 a bailar esta milonga 
                 con el ritmo más porteño,
                 sin sacarle ni un detalle 
                 de su vida. 

                                  Carlos Pesce
Martes 23 de enero de 2018 y como todos los martes del año, tenemos la milonga esperada, en la Casa de Aragón de Madrid (Pza. República Argentina, nº6). Por algo se llama BIEN MILONGA, pues reúne los ingredientes para pasar una velada a puro tango, milonga y valsecito, con las añejas grabaciones que te invitan a bailar sin desmayo, y con el cuore fuera de borda.

Desde las 21 hasta las 0 horas, José María y Charo te dan la contraseña milonguera y te invitan a sumarte a este ambiente entrañable que tenemos en BIEN MILONGA para que disfrutes con todos nosotros del mismo y te embales con los temas que te arrastran a la pista..

                                         

De paso cañaso, te llevo a pasear por esas milongas donde se realizan exhibiciones que sirven de aperitivo para abrirte el apetito milonguero. Arranco en La milonga del Morán, en Buenos Aires, donde la pareja integrada por Roxana Suárez y Sebastián Achával bailan  Yo quiero cantar un tango, por la orquesta de Pedro Laurenz, cantando Alberto Podestá.
                          

                          
Ahora me voy de viaje con Magdalena Gutiérrez y Germán Ballejo, la pareja triunfadora en el Mundial de Tango, que son convocados en la Milonga en rojo. Allí se bailan un valsecito: Se fue, por la orquesta de Lucio Demare cantando Raúl Berón.
                                      

Y para ponerte el esqueleto como si hubieses metido los dedos en el enchufe, me piro a Shangai-China , donde bailan dos grosos: Sebastián Arce y Mariana Montes,  Y se mandan la milonga Reliquias porteñas, por la orquesta de Francisco Canaro. Esta yunta es las que hacen época.

                                          
                                                                                

Y vos andá preparando las pilchas y los tarros que esta noche la pasaremos de prima.

sábado, 20 de enero de 2018

Chiqué

Esta noche seguimos bailando en CHIQUÉ, la milonga que acunamos en la Casa de Aragón, en Madrid (Pza. República Argentina nº 6). Desde las 21 hasta las 0.30 milongueamos con esa música que nos acaricia el cuore y nos impulsa los remos para que le demos caña al piso de madera, meta taco, suela y punta.

                                  

viernes, 19 de enero de 2018

Irusta-Fugazot-Demare

Era el trío más mentado que pudo haber caminado por esas calles de... París, Madrid, México, La Habana, Lima, Buenos Aires...Una época en la que el prestigio ganado desde su arranque en Madrid, les sirvió para abrir puertas, actuar en teatros, en cines, vender discos y hasta filmar películas, A la vez componían temas que tenían formidable pegada, muchos de ellos continúan sonando en reproductores de medio mundo.

Y la historia recordará que fue el siempre visionario... Francisco Canaro, quien los unió en ese trío que haría roncha en Europa, para asombro de los compatriotas, que se enteraban en Argentina del éxito de estos artistas. El propio Pirincho narraba así la historia del descubrimiento en sus Memorias:

                               


-Había dejado en Francia la "Orquesta Canaro" a cargo de mis hermanos Juan y Rafael. a mediados de 1927 luego de realizar una exitosa gira con la orquesta por diversas ciudades europeas me escriben desde París pidéndome cantores de tango que les estaban faltando. En esos momentos me hallaba actuando en Buenos Aires y tenía formalizado un compromiso con la casa Max Glücksmann para realizar y dirigir un concurso de tango  en el Gran Palace Theatre, de Corrientes y Maipú. El certamen tuvo pleno éxito, pues reunió a numerosos concursantes, resultado premiado el tango de Pedro Maffia y Emilio Curi: Noche de Reyes, el cual fue interpretado en su parte vocal por el dúo Agustín Irusta-Roberto Fugazot, con magnífico beneplácito del público.

Terminado el concurso de referencia, contraté a ambos cantores para actuar en Europa. Irusta era rosarino y me dijo que antes de ausentarse quería ir a Rosario a despedirse de su familia y amigos; pero resultó que llegó la víspera de la partida e Irusta no aparecía ni había noticias de que hubiese vuelto a Buenos Aires. Esto, naturalmente, me inquietó bastante por el compromiso que a mi vez yo había contraído. Entré a averiguar y saqué en limpio que Irusta no tenía muchas ganas de ausentarse del país por razones de carácter íntimo. Como el tiempo apremiaba, sin perder un minuto me fuí yo mismo a buscarlo a Rosario, y como no tenía la dirección de su domicilio, averiguando... averiguando, me enteré que Irusta concurría todas las noches a un bodegón del barrio de Pichincha, famoso por la buseca que servía como especialidad, y llegué hasta la mentada taberna del suburbio.

                         
        

Era una noche terrible de lluvia y frío que calaba los huesos. Pregunté por él y me contestaron que no estaba, pero que acostumbraba a ir muy tarde por la noche. Averigué entonces la dirección de sus padres y me la facilitaron diciéndome que no era muy lejos de allí.  Me trasladé enseguida a las señas que me habían facilitado y di con la casa; salió el padre y a mi pregunta respondió que no se encontraba en el hogar y que tenía por hábito ir muy tarde a dormir.  Me fui nuevamente al bodegón a esperarlo, y cuando iba de vuelta bajo la lluvia y arrimándome a la pared para esquivar el agua, de repente me sorprende el estrépito de una voz que grita: "¡Alto, quien vive!"... y yo, sin saber adónde estaba, miré hacia donde partía la voz y descubrí un soldado que me apuntaba con su máuser, que, dado el susto que tenía, me pareció un cañón: sólo atiné a levar los brazos y no se me ocurrió más que responder al centinela: "Un ciudadano argentino"... Estaba  frente a un cuartel y el soldado me mandó a caminar por la acera de enfrente al mismo.

Empapado por la fuerte llovizna,  llegué de nuevo al bodegón de marras. Irusta no había llegado; resolví esperarlo, y para mitigar los efectos de la lluvia, el frío y la odisea, con resignación pedí una abundante buseca, que me supo a gloria, acompañada por un jarro de vino. Recién a eso de las dos y media de la madrugada cayó Irusta, acompañado de varios amigos, y sorprendido al verme, me dijo:
-Hola Pirincho, ¿qué hace usted por aquí¨?
Disimulando mi verdadera intención le contesté:
-Tuve que venir a Rosario por asuntos de negocios y como sabía que usted solía caer por aquí, quise aprovechar para recordarle que mañana tenemos que viajar a París, y  pensé que a usted le gustaría que fuéramos juntos a Buenos Aires.
Macanudo!. me contestó, por decir algo..
 Comimos todos juntos. Al día siguiennte llegamos a la capital, y por las dudas y ya escamado, adopté la precaución de pedirle sus documentos con el pretexto de entregarlos a la compañía de Navegación. Y así fue que con mi señora, mi hermano Mario, Fugazot e Irusta embarcamos rumbo a Francia en el vapor "Cap Polonio".

                                 


Pero ocurre que a nuestro arribo a París, mis hermanos Rafael y Juan se hallaban en Madrid cumpliendo un ventajoso contrato. Nos quedamos paseando en la ciudad Luz y como Lucio Demare  no quiso ir a España para esperar mi llegada y resolver lo que haría, se me ocurrió la idea de fomar un trío: Irusta-Fugazot-Demare, los dos primeros guitarristas, y éste último magnífico pianista, y pensé que con un ecléctico repertorio de canciones folklóricas, tangos, estilos, valses, etc. podían constituir un número de novedosa y fuerte atracción. Los ensayé con dedicación un mes entero y ellos respondieron al esfuerzo quedando así constituído  el trío que se consagraría en España.

Con mi autito Renault de diez HP, salimos rumbo a Madrid despuestos a recorrer los 1400 kilómetros que nos separaban de la capital de España. Íbamos mi hermano Mario, mi señora, el trío y yo. Mis hermanos continuaban actuando allí con sostenido éxito en el "Maipú Pigall". Al poco tiempo debutaba Carlos Gardel en el Teatro Romea con sus guitarristas. Con el trío primero y sobre todo con Gardel, el público conoció y apreció lo que era el legítimo tango argentino, luego del paso anterior de Silvio Spaventa.

                                     
 

    La historia que narra Canaro, tan real y tan llena de baches nos sitúa y sirve para valorar el gran éxito que tuvo el trío en el Teatro Maravillas madrileño. Fueron contratados por dos semanas y el éxito obtenido les llevó a extender la actuación por tres meses. En Barcelona harían furor, filmarían un par de películas, Lucas Demare se aficionará allí al cine luego de haber estudiado bandoneón para formar en la orquesta que debió agrandarse para tener mejores metas.  Vendieron discos en forma impresionante y hasta corbatas y pañuelos de cuello con la efigie del trío. Incluso rompieron corazones a montones. Fugazot -uruguayo- tendría una hija con una artista española, que luego sería actriz y vedete en teatros porteños -Diana Cortesina- . Más tarde estaría casado con María Esther Gamas, con quien tuvieron a María Rosa Fugazot, también actriz. Lucio Demare le arrebataría la pareja a Jardiel Poncela, nada menos. La bella dibujante Josefina Peñalver que se fue a Buenos Aires siguiendo al gran pianista argentino. Lo de Irusta fue mucho más abundante por su pinta de galán.

Volverían a Argentina, con la guerra civil en puertas, en 1936, actuaron en el Cine Broadway aunque debieron suspender su actuación porque Fugazot se rompió una pierna. Contrataron como integrantes de la orquesta a Aníbal Troilo y Alfredo Gobbi. Irusta cantará con Canaro y en 1948 se vuelve a armar el trío, contratados para actuar en Cuba con tremendo éxito, donde graban numerosos temas que no llegarán a Argentina. Y luego cada uno sigue su camino. Irusta se radica en Caracas desde donde viaja cantando  por toda América y España, filmando, incluso  con Carmen Sevilla, falleciendo en la capital de Venezuela en 1987. La historia de Demare es más conocida.

                                             


Un historia sintetizada que amontonó  borra, como para seguir hablando de este invento de Canaro que tanta tela dejó para cortar y chamuyar. Podemos escuchar dos versiones del Trío: Amurado de Maffia-Laurenz y José de Grandis, cantando Roberto Fugazot. Y No te engañes corazón, de Rodolfo Scianmarella cantando Agustín Irusta.

Amurado - Irusta-Fugazot-Demare

No te engañes corazón- Irusta-Fugazot-Demare








martes, 16 de enero de 2018

Bien milonga

    Sueño realidad
    al fin era verdad
    la llama de tu cuerpo.
    Baila para mí
    y este calavera, el de la fiebre milonguera
    es hoy adicto de tu magia y de tus besos.

    Sol hecho mujer
    embrujo de placer
    yo quiero tu querer en cada madrugada.
    Si vos sos la bruja dame brujería
    loba de la luna que lamiendo mis heridas
    me devuelve el corazón

                    Alfredo Tape Rubin


Martes 16 de enero y cita del milonguero con esa danza que nos tiene atrapados, a unos y a otras. É vero. Y en Bien milonga, tenemos los resortes necesarios para que los cuerpos entren en calor, se activen al compás de la buena música y desfilen emparejados por la hermosa la pista de madera que acuna sus pasos de tango.

La cita de los martes es en la Casa de Aragón sita en la Plaza República Argentina nº 6 de Madrid desde las 21 a las 0 horas. Y este Sábado 20, también regresamos con Chiqué, volviendo al calendario el tercer sábado de cada mes, de 21 a 0.30 hs. En el mismo coqueto salón donde retozamos, con un ambiente entrañable de milongueros de ambos sexos.


Ahora te llevo a viajar por lugares variopintos, donde la danza del gotán ha sacado carta de ciudadanía. Hay Cachafaces y Petróleos por todos lados, ¿viste?, porque la expansión del género ha permitido ver a airosas milongueras y bailarines de distintas raíces moviéndose en la pista con  garbo y yeites adquiridos en las madrugadas a puro tango.

Para muestra basta un botón o tres, que son las parejas que te traigo para motivarte y vayas preparando los tarros, la pilcha y los remos para esta noche. Arranco en el porteño Club Floreal, donde se luce la pareja integrada por Martha Doctorovich y Luis Anchava. Bailan la milonga Se dice de mí, interpretada por el Quinteto Pirincho                  

 


Zarpo hacia Montreal-Canadá, donde también hay una pareja argenta demostrando sus cualidades milongueras. Son Pablo Inza y Mariana Dragone, que se mandan al ruedo con el tango De puro guapo, por la orquesta de Pedro Laurenz, cantando Juan Carlos Casas.


                                       

Para cerrar este trío de exhibiciones, me rajo a Puerto Montt -Chile, donde en el 2º aniversario de la milonga "Tango Obsesión", podemos ver a María Inés Bogado y Sebastián Jiménez bailando un valsecito. se trata de Dichas que viví, por la orquesta de Rodolfo Biagi y la voz de Andrés Falgás.
                                        
                                    

Ya te dí el masajito en el cuore. Ahora armá el equipaje para esta night. Te esperamos.

lunes, 15 de enero de 2018

Una emoción

Este tango lo he escuchado tantas veces a lo largo de mi vida, lo he bailado en infinidad de ocasiones, en distintos países, con distintas compañeras, lo disfrutamos con la barra cuando acudíamos a la milonga, y sigue estando firme en mi cartelera particular. Porque continúa provocándome unas cosquillas en el alma, como un símbolo que refleja en sus versos y música las peripecias y sentimientos de la vida cotidiana de tantas personas  que caminaron las calles porteñas.

Vengan a ver que traigo yo
en esta unión de notas y palabras,

La entrada no puede ser más expresiva. El hecho comunicativo se agranda, cava pozos de reflexiones en la mesa diaria del café que nos unió  a lo largo de nuestras andanzas. Nos coloca de entrada en el adentramiento íntimo de los versos. Y ya en la primera parte del tema estamos ante un tango que siempre nos despertará recuerdos, nos demandará una atención exquisita, íntima, en la pista, nos empujará con sus llamados interiores, su despertar de fantasmas que nos acompañan.

                               

                                

es la canción que me inspiró
la evocación que anoche me acunaba.
es voz de tango modulado en cada esquina
por el que vive una emoción que lo domina,
quiero cantar por este son
que es cada vez más dulce y seductor.

Los versos le pertenecen a José María Suñé, que fuera representante de varias orquestas y cantantes y destacara en ese rubro durante años. Pero a la vez, también fue un poeta que supo abarcar las sensibilidades que desparrama diariamente la ciudad que lo vió nacer. Llegó al mundo en 1911, en el barrio de Balvanera, escribió su primera letra de tango a los 18 años, y sabría unirse a compositores que le pondrían música a sus obras. Entre otros: Roberto y Juan Caló, Eduardo del Piano, José Nieso, Osmar Maderna, José Basso, Miguel Nijensohn, Roberto Grela, Francisco De Caro, Carlos Marcucci,  Argentino Galván y otros.

                                     


Con ese gran violinista y compositor, Raúl Kaplún, armaron páginas muy representantivas, como La mesa de un café, Nos encontramos al pasar, Sólo se vive una vez, Pasión, Igual igual que ayer, Canción de rango,  y este tango que traigo hoy a la página: Una emoción. Todos estos temas.tuvieron recorrido y estuvieron en el repertorio de orquestas y cantantes del cuarenta, por su polenta y sentimiento tan porteño. Como en esta descripción tan evocativa.

Envuelto en la ilusión, anoche lo escuché
compuesta la emoción por cosas de mi ayer,
la casa en que nací, la reja y el parral,
la vieja calesita y el rosal.
su acento es la canción, de voz sentimental,
su ritmo es el compás que vive en mi ciudad,
no tiene pretensión, no quiere ser procaz,
se llama tango y nada más.

Se trata de un tema que no ha sido demasiado ejecutado por distintas orquestas. Y es una pena por todo lo que contienen los versos y la música. En la pista es un llamado imperioso para los bailarines, en las versiones de Tanturi-Campos o Demare-Berón, hermosas ambas. Por todo lo que provoca en las fibras íntimas del milonguero, tanto en él como en ella.También es cierto que cuando una orquesta y cantor realizan una versión impecable de un tema determinado, ya siembran su impronta y es difícil igualar o mejorar la que ha sido consagrado por el público. Al margen,  Suñé define muy bien al tango con la primera bis, que redondea el tono de esta hermosa pieza del género popular rioplatense.

                           


Esta emoción que traigo yo
nació en mi voz cargada de nostalgia,
siento un latir de rebelión
cuando a este son, sus versos le disfrazan. 
Si es tan sencillo y tan humilde en sus compases
por qué anotarle un mal ejemplo en cada frase...
Con este resto de emoción
muy fácil es llegar al corazón.

Y lo dice un tipo que también escribió temas como: Yo quiero cantar un tango,  Decime que pasó, Viento malo, Somos, Te ví llegar, Sol,  Cofre de recuerdos, El pasado vuelve, Nos encontramos al pasar, Viejas ansias, etc. En otra oportunidad puse las versiones de Una emoción por la orquesta de Ricardo Tanturi con Enrique Campos y la muy buena también de Vanesa Quiroz. Ariel Ardit lo registró con la orquesta El arranque, con su acento tan tanguero. Osvaldo Ribó lo cantó y grabó con Roberto Grela.  El Polaco Goyeneche lo dejó grabado, acompañado por la orquesta de Atilio stampone.

Y yo traigo la hermosa interpretación de Raúl Berón con la distinguida orquesta de Lucio Demare. Fue el primer registro de este delicioso tango. Lo llevaron al disco el 3 de septiembre de 1943, dos meses antes que Tanturi-Campos. Suñé representaba a ambas orquestas.

A gozarlo.

Una emoción - Lucio Demare-Raúl Berón

























viernes, 12 de enero de 2018

Alfredo Bigeschi


Nació en Elba, la itálica isla mediterránea situada entre Córcega y la Toscana, donde fuera confinado Napoleón en 1814. Concretamente en su capital, Portoferraio, donde los Bigeschi Della Serra lucían blasones guerreros y eclesiásticos y aún conservan su casa-museo, un palacete con cuadros de los ancestros de títulos nobiliarios, aunque el piccolo Alfredito se crió en una casita proletaria, a la vuelta del palacio.

Cuando contaba 12 añitos, sus padres emprendieron el camino de América con valijas flacas atadas con correas y muchas ilusiones, llegando a puerto el 27 de abril de 1920. Siendo ya mayor añoró una y otra vez aquellas escalinatas de adoquín que subía airoso con su pandilla, y por fin, su sueño se hizo realidad cuando en 1960 el diario Crítica lo mandó a cubrir las Olimpíadas romanas. Allí volvió a sentir el aroma del pulpo cocido en bidones en los aledaños del puerto, retrepó la antigua escalinata contigua a su casa y reconstruyó la infancia perdida en el lejano Mediterráneo que ya no volvería a merodear.
                                       
   

Su incrustación en el Nuevo Mundo arrancó en la isla Maciel, junto a inmigrantes, aventureros, obreros portuarios y de la construcción, la runfla calavera de El Farol Colorado, o los sustratos del hampa que lucían sus cortes y quebradas en el recreo El Pasatiempo. Años duros, bravíos, más todavía para un chiquilín que no dominaba el idioma y que se topó bruscamente con la repentina ceguera del padre por lo cual debió arremangarse y salir a ganar el mendrugo diario.

Aunque abandonó el colegio, nunca dejó de leer, hasta sus últimos días y ello le facilitó el manejo de la lengua, los giros porteños y el descubrimiento precoz del naciente tango, el sainete y el costumbrismo local. Siendo monaguillo en Elba, el párroco descubrió su afición por la escritura y fue quien le recomendó leer mucho, consejo que seguiría a rajatabla y que le permitiría en poco tiempo colaborar en modestas publicaciones y hasta obtener un carné de periodista de El Poder de la Isla Maciel como reporter social, aporteñándose definitivamente.

                            

A dos años de la llegada, la familia se traslada a La Boca (Olavarría al 1000) y allí se vacuna para siempre como fana del equipo azul y oro y con el tiempo entablaría amistad con figuras como Cherro, Sarlanga, Valussi o Lazzatti. Su iniciación como poeta lo emparenta con Manzi o García Jiménez que anduvieron el mismo camino: letrista de las famosas murgas boquenses de la época, el barrio donde nació el carnaval. En esa fiesta de los pobres fue burilando su destino de poeta popular, sencillo, romántico.

Con 16 años y gracias a un calabrés, amigo de su padre, conoce al famoso Juan Maglio y le aporta unos versos a los cuales Pacho le pone música y así nace “Tango argentino”, dedicado al Intendente Municipal José Luis Cantilo, que estrena Ignacio Corsini a comienzos del 29 y Gardel entusiasmado, grabaría el 11 de diciembre de ese año. Con Pacho compondría otros 7 temas, entre otros “Guarany” y “Siete palabras”.
                                                

Gardel invita a los autores a viajar con él a Rosario y Casilda, y Bigeschi me contó que una noche, cenando en Chanta Cuatro, unos amigos le pidieron a Gardel que cantara algo y cuando vió sentado en una mesa vecina al joven letrista, cantó a capella “Tango argentino”, para regocijo de éste.
                                 
En 1933, con el bandoneonista Miguel Bonano, compuso otro tema de impacto: “La novena”, que cantaron numerosos intérpretes y Rodolfo Biagi lo consolidaría en 1939 con los versos recitados por Teófilo Ibáñez. Paralelamente avanza en su oficio de periodista, destacando en La Canción Moderna, El Alma que canta y dirigiendo El Canta Claro varios años, para después pasarle la posta a Alberto Cosentino, el autor de “Quemá esas cartas”. Desde su primer título: “Tenorios de mi barrio” hasta el último “Aquí parado en la esquina”, sumó unos 260 títulos registrados y muchos desperdigados.


Colaboró con músicos como Enrique Rodríguez en “Te quiero ver escopeta”, “Contigo pan y cebolla”, “Viva el carnaval” y “Mi muñequita”. Con Eusebio Giorno “Ay Catalina” y “Se va Pirulo”. Con Bonano además de “La novena” (impresionante la grabación de Oscar Alonso con la orquesta de Héctor Artola y el coro de Fanny Day), también hicieron “La canción de la ribera” y “Tardes porteñas”. Registró temas con los hermanos D’Alesandro, Agustín Irusta, Domingo Conte, José Otero, Vicente Salerno, los hermanos Edgardo, Osvaldo y Ascanio Donato, Alberto Soifer, los hermanos Servidio, Rafael Rossi, Scolati Almeyda, Graciano Gómez, Juan Martí, Virgilio San Clemente y Abel Olmedo entre otros.

Curiosamente le dedicó un tango al gran rival: “River Plate” con Francisco Rofrano; “Campeón”, a su club Boca Juniors, campeón de AFA de 1931. En varios temas compuso la letra y la música.

                                    

Fui compañero suyo durante unos 12 años en el diario La Razón y, pese a la diferencia de edad, me acercó su calor humano y pude bucear en su obra y sus avatares. La noche que se casaba con la porteña hija de sorrentinos, Carmen D’Angelo, en agosto de 1933, Edgardo Donato le estrenaba “La novena”. En su casa de Barracas, en la calle General Hornos, tuvieron dos hijos, Dina —maestra— y Alfredo —médico— y hasta un nieto.

Yo le decía que de sus tangos me encantaban “Qué podrán decir”, gran creación de Castillo con Tanturi y “Caricias” por Vargas con D’Agostino, que en Nueva York grabaría con éxito la orquesta de Enrique Méndez con la voz de Blas Hernández. A él le gustaba mucho la versión de Mercedes Simone que también le registró “Fotogénico”.

Pero la labor de Bigeschi fue mucho mas allá del tango. Hizo boleros como “Nuestro fracaso” que escribió para Leo Marini y armó el conjunto Tradición Nacional que recibió grandes plácemes en Radio del Pueblo. También creó los tangos teatralizados con el nombre de motivos populares que fue otro golazo. De ahí saltó a la radionovela, con tanta aceptación, que las emitían simultáneamente las radios Belgrano, Municipal y Mitre. En 8 años registró 36 títulos en Argentores. Fundó la revista Radiocine y editó el libro Motivos populares.

Estuvo en La Razón hasta que una hemiplejia le marcó la retirada. La muerte de algunos amigos, la pérdida de su querida casa de Barracas y, finalmente, otro derrame cerebral en la Mar del Plata que tanto le recordaba a su Elba natal, fue el último y decisivo golpe. Al dejar la casa de General Hornos escribió el vals “Adiós a la casa vieja” que musicalizó y grabó el cantor Pedro Ortiz. Ahí estaba dibujado su estilo de poeta sencillo, romántico y nostálgico. El de aquel chico inmigrante de 17 años al que Gardel le cantó esos versos: "Se ganó el cariño de la muchachada, / que en una cortada le dio el corazón...».

Lo recordamos en dos temas: Tango argentino, por la orquesta de Domingo Federico, cantando Mario Bustos, grabado el 20 de marzo de 1950. Y Qué podrán decir, por la Orquesta de Ricardo Tanturi, con la voza de Alberto Castillo, llevado al disco el 2 de marzo de 1943.



(Esta nota fue publicada y está en Todo Tango)