sábado, 20 de enero de 2018

Chiqué

Esta noche seguimos bailando en CHIQUÉ, la milonga que acunamos en la Casa de Aragón, en Madrid (Pza. República Argentina nº 6). Desde las 21 hasta las 0.30 milongueamos con esa música que nos acaricia el cuore y nos impulsa los remos para que le demos caña al piso de madera, meta taco, suela y punta.

                                  

viernes, 19 de enero de 2018

Irusta-Fugazot-Demare

Era el trío más mentado que pudo haber caminado por esas calles de... París, Madrid, México, La Habana, Lima, Buenos Aires...Una época en la que el prestigio ganado desde su arranque en Madrid, les sirvió para abrir puertas, actuar en teatros, en cines, vender discos y hasta filmar películas, A la vez componían temas que tenían formidable pegada, muchos de ellos continúan sonando en reproductores de medio mundo.

Y la historia recordará que fue el siempre visionario... Francisco Canaro, quien los unió en ese trío que haría roncha en Europa, para asombro de los compatriotas, que se enteraban en Argentina del éxito de estos artistas. El propio Pirincho narraba así la historia del descubrimiento en sus Memorias:

                               


-Había dejado en Francia la "Orquesta Canaro" a cargo de mis hermanos Juan y Rafael. a mediados de 1927 luego de realizar una exitosa gira con la orquesta por diversas ciudades europeas me escriben desde París pidéndome cantores de tango que les estaban faltando. En esos momentos me hallaba actuando en Buenos Aires y tenía formalizado un compromiso con la casa Max Glücksmann para realizar y dirigir un concurso de tango  en el Gran Palace Theatre, de Corrientes y Maipú. El certamen tuvo pleno éxito, pues reunió a numerosos concursantes, resultado premiado el tango de Pedro Maffia y Emilio Curi: Noche de Reyes, el cual fue interpretado en su parte vocal por el dúo Agustín Irusta-Roberto Fugazot, con magnífico beneplácito del público.

Terminado el concurso de referencia, contraté a ambos cantores para actuar en Europa. Irusta era rosarino y me dijo que antes de ausentarse quería ir a Rosario a despedirse de su familia y amigos; pero resultó que llegó la víspera de la partida e Irusta no aparecía ni había noticias de que hubiese vuelto a Buenos Aires. Esto, naturalmente, me inquietó bastante por el compromiso que a mi vez yo había contraído. Entré a averiguar y saqué en limpio que Irusta no tenía muchas ganas de ausentarse del país por razones de carácter íntimo. Como el tiempo apremiaba, sin perder un minuto me fuí yo mismo a buscarlo a Rosario, y como no tenía la dirección de su domicilio, averiguando... averiguando, me enteré que Irusta concurría todas las noches a un bodegón del barrio de Pichincha, famoso por la buseca que servía como especialidad, y llegué hasta la mentada taberna del suburbio.

                         
        

Era una noche terrible de lluvia y frío que calaba los huesos. Pregunté por él y me contestaron que no estaba, pero que acostumbraba a ir muy tarde por la noche. Averigué entonces la dirección de sus padres y me la facilitaron diciéndome que no era muy lejos de allí.  Me trasladé enseguida a las señas que me habían facilitado y di con la casa; salió el padre y a mi pregunta respondió que no se encontraba en el hogar y que tenía por hábito ir muy tarde a dormir.  Me fui nuevamente al bodegón a esperarlo, y cuando iba de vuelta bajo la lluvia y arrimándome a la pared para esquivar el agua, de repente me sorprende el estrépito de una voz que grita: "¡Alto, quien vive!"... y yo, sin saber adónde estaba, miré hacia donde partía la voz y descubrí un soldado que me apuntaba con su máuser, que, dado el susto que tenía, me pareció un cañón: sólo atiné a levar los brazos y no se me ocurrió más que responder al centinela: "Un ciudadano argentino"... Estaba  frente a un cuartel y el soldado me mandó a caminar por la acera de enfrente al mismo.

Empapado por la fuerte llovizna,  llegué de nuevo al bodegón de marras. Irusta no había llegado; resolví esperarlo, y para mitigar los efectos de la lluvia, el frío y la odisea, con resignación pedí una abundante buseca, que me supo a gloria, acompañada por un jarro de vino. Recién a eso de las dos y media de la madrugada cayó Irusta, acompañado de varios amigos, y sorprendido al verme, me dijo:
-Hola Pirincho, ¿qué hace usted por aquí¨?
Disimulando mi verdadera intención le contesté:
-Tuve que venir a Rosario por asuntos de negocios y como sabía que usted solía caer por aquí, quise aprovechar para recordarle que mañana tenemos que viajar a París, y  pensé que a usted le gustaría que fuéramos juntos a Buenos Aires.
Macanudo!. me contestó, por decir algo..
 Comimos todos juntos. Al día siguiennte llegamos a la capital, y por las dudas y ya escamado, adopté la precaución de pedirle sus documentos con el pretexto de entregarlos a la compañía de Navegación. Y así fue que con mi señora, mi hermano Mario, Fugazot e Irusta embarcamos rumbo a Francia en el vapor "Cap Polonio".

                                 


Pero ocurre que a nuestro arribo a París, mis hermanos Rafael y Juan se hallaban en Madrid cumpliendo un ventajoso contrato. Nos quedamos paseando en la ciudad Luz y como Lucio Demare  no quiso ir a España para esperar mi llegada y resolver lo que haría, se me ocurrió la idea de fomar un trío: Irusta-Fugazot-Demare, los dos primeros guitarristas, y éste último magnífico pianista, y pensé que con un ecléctico repertorio de canciones folklóricas, tangos, estilos, valses, etc. podían constituir un número de novedosa y fuerte atracción. Los ensayé con dedicación un mes entero y ellos respondieron al esfuerzo quedando así constituído  el trío que se consagraría en España.

Con mi autito Renault de diez HP, salimos rumbo a Madrid despuestos a recorrer los 1400 kilómetros que nos separaban de la capital de España. Íbamos mi hermano Mario, mi señora, el trío y yo. Mis hermanos continuaban actuando allí con sostenido éxito en el "Maipú Pigall". Al poco tiempo debutaba Carlos Gardel en el Teatro Romea con sus guitarristas. Con el trío primero y sobre todo con Gardel, el público conoció y apreció lo que era el legítimo tango argentino, luego del paso anterior de Silvio Spaventa.

                                     
 

    La historia que narra Canaro, tan real y tan llena de baches nos sitúa y sirve para valorar el gran éxito que tuvo el trío en el Teatro Maravillas madrileño. Fueron contratados por dos semanas y el éxito obtenido les llevó a extender la actuación por tres meses. En Barcelona harían furor, filmarían un par de películas, Lucas Demare se aficionará allí al cine luego de haber estudiado bandoneón para formar en la orquesta que debió agrandarse para tener mejores metas.  Vendieron discos en forma impresionante y hasta corbatas y pañuelos de cuello con la efigie del trío. Incluso rompieron corazones a montones. Fugazot -uruguayo- tendría una hija con una artista española, que luego sería actriz y vedete en teatros porteños -Diana Cortesina- . Más tarde estaría casado con María Esther Gamas, con quien tuvieron a María Rosa Fugazot, también actriz. Lucio Demare le arrebataría la pareja a Jardiel Poncela, nada menos. La bella dibujante Josefina Peñalver que se fue a Buenos Aires siguiendo al gran pianista argentino. Lo de Irusta fue mucho más abundante por su pinta de galán.

Volverían a Argentina, con la guerra civil en puertas, en 1935, actuaron en el Cine Broadway aunque debieron suspender su actuación porque Fugazot se rompió una pierna. Irusta canta con Canaro y en 1948 se vuelve a armar el trío, contratados para actuar en Cuba con tremendo éxito, donde graban numerosos temas que no llegarán a Argentina. Y luego cada uno sigue su camino. Irusta se radica en Caracas desde donde viaja cantando  por toda América y España, filmando, incluso  con Carmen Sevilla, falleciendo en la capital de Venezuela en 1987. La historia de Demare es más conocida.

                                             


Un historia sintetizada que amontonó  borra, como para seguir hablando de este invento de Canaro que tanta tela dejó para cortar y chamuyar. Podemos escuchar dos versiones del Trío: Amurado de Maffia-Laurenz y José de Grandis, cantando Roberto Fugazot. Y No te engañes corazón, de Rodolfo Scianmarella cantando Agustín Irusta.

Amurado - Irusta-Fugazot-Demare

No te engañes corazón- Irusta-Fugazot-Demare








martes, 16 de enero de 2018

Bien milonga

    Sueño realidad
    al fin era verdad
    la llama de tu cuerpo.
    Baila para mí
    y este calavera, el de la fiebre milonguera
    es hoy adicto de tu magia y de tus besos.

    Sol hecho mujer
    embrujo de placer
    yo quiero tu querer en cada madrugada.
    Si vos sos la bruja dame brujería
    loba de la luna que lamiendo mis heridas
    me devuelve el corazón

                    Alfredo Tape Rubin


Martes 16 de enero y cita del milonguero con esa danza que nos tiene atrapados, a unos y a otras. É vero. Y en Bien milonga, tenemos los resortes necesarios para que los cuerpos entren en calor, se activen al compás de la buena música y desfilen emparejados por la hermosa la pista de madera que acuna sus pasos de tango.

La cita de los martes es en la Casa de Aragón sita en la Plaza República Argentina nº 6 de Madrid desde las 21 a las 0 horas. Y este Sábado 20, también regresamos con Chiqué, volviendo al calendario el tercer sábado de cada mes, de 21 a 0.30 hs. En el mismo coqueto salón donde retozamos, con un ambiente entrañable de milongueros de ambos sexos.


Ahora te llevo a viajar por lugares variopintos, donde la danza del gotán ha sacado carta de ciudadanía. Hay Cachafaces y Petróleos por todos lados, ¿viste?, porque la expansión del género ha permitido ver a airosas milongueras y bailarines de distintas raíces moviéndose en la pista con  garbo y yeites adquiridos en las madrugadas a puro tango.

Para muestra basta un botón o tres, que son las parejas que te traigo para motivarte y vayas preparando los tarros, la pilcha y los remos para esta noche. Arranco en el porteño Club Floreal, donde se luce la pareja integrada por Martha Doctorovich y Luis Anchava. Bailan la milonga Se dice de mí, interpretada por el Quinteto Pirincho                  

 


Zarpo hacia Montreal-Canadá, donde también hay una pareja argenta demostrando sus cualidades milongueras. Son Pablo Inza y Mariana Dragone, que se mandan al ruedo con el tango De puro guapo, por la orquesta de Pedro Laurenz, cantando Juan Carlos Casas.


                                       

Para cerrar este trío de exhibiciones, me rajo a Puerto Montt -Chile, donde en el 2º aniversario de la milonga "Tango Obsesión", podemos ver a María Inés Bogado y Sebastián Jiménez bailando un valsecito. se trata de Dichas que viví, por la orquesta de Rodolfo Biagi y la voz de Andrés Falgás.
                                        
                                    

Ya te dí el masajito en el cuore. Ahora armá el equipaje para esta night. Te esperamos.

lunes, 15 de enero de 2018

Una emoción

Este tango lo he escuchado tantas veces a lo largo de mi vida, lo he bailado en infinidad de ocasiones, en distintos países, con distintas compañeras, lo disfrutamos con la barra cuando acudíamos a la milonga, y sigue estando firme en mi cartelera particular. Porque continúa provocándome unas cosquillas en el alma, como un símbolo que refleja en sus versos y música las peripecias y sentimientos de la vida cotidiana de tantas personas  que caminaron las calles porteñas.

Vengan a ver que traigo yo
en esta unión de notas y palabras,

La entrada no puede ser más expresiva. El hecho comunicativo se agranda, cava pozos de reflexiones en la mesa diaria del café que nos unió  a lo largo de nuestras andanzas. Nos coloca de entrada en el adentramiento íntimo de los versos. Y ya en la primera parte del tema estamos ante un tango que siempre nos despertará recuerdos, nos demandará una atención exquisita, íntima, en la pista, nos empujará con sus llamados interiores, su despertar de fantasmas que nos acompañan.

                               

                                

es la canción que me inspiró
la evocación que anoche me acunaba.
es voz de tango modulado en cada esquina
por el que vive una emoción que lo domina,
quiero cantar por este son
que es cada vez más dulce y seductor.

Los versos le pertenecen a José María Suñé, que fuera representante de varias orquestas y cantantes y destacara en ese rubro durante años. Pero a la vez, también fue un poeta que supo abarcar las sensibilidades que desparrama diariamente la ciudad que lo vió nacer. Llegó al mundo en 1911, en el barrio de Balvanera, escribió su primera letra de tango a los 18 años, y sabría unirse a compositores que le pondrían música a sus obras. Entre otros: Roberto y Juan Caló, Eduardo del Piano, José Nieso, Osmar Maderna, José Basso, Miguel Nijensohn, Roberto Grela, Francisco De Caro, Carlos Marcucci,  Argentino Galván y otros.

                                     


Con ese gran violinista y compositor, Raúl Kaplún, armaron páginas muy representantivas, como La mesa de un café, Nos encontramos al pasar, Sólo se vive una vez, Pasión, Igual igual que ayer, Canción de rango,  y este tango que traigo hoy a la página: Una emoción. Todos estos temas.tuvieron recorrido y estuvieron en el repertorio de orquestas y cantantes del cuarenta, por su polenta y sentimiento tan porteño. Como en esta descripción tan evocativa.

Envuelto en la ilusión, anoche lo escuché
compuesta la emoción por cosas de mi ayer,
la casa en que nací, la reja y el parral,
la vieja calesita y el rosal.
su acento es la canción, de voz sentimental,
su ritmo es el compás que vive en mi ciudad,
no tiene pretensión, no quiere ser procaz,
se llama tango y nada más.

Se trata de un tema que no ha sido demasiado ejecutado por distintas orquestas. Y es una pena por todo lo que contienen los versos y la música. En la pista es un llamado imperioso para los bailarines, en las versiones de Tanturi-Campos o Demare-Berón, hermosas ambas. Por todo lo que provoca en las fibras íntimas del milonguero, tanto en él como en ella.También es cierto que cuando una orquesta y cantor realizan una versión impecable de un tema determinado, ya siembran su impronta y es difícil igualar o mejorar la que ha sido consagrado por el público. Al margen,  Suñé define muy bien al tango con la primera bis, que redondea el tono de esta hermosa pieza del género popular rioplatense.

                           


Esta emoción que traigo yo
nació en mi voz cargada de nostalgia,
siento un latir de rebelión
cuando a este son, sus versos le disfrazan. 
Si es tan sencillo y tan humilde en sus compases
por qué anotarle un mal ejemplo en cada frase...
Con este resto de emoción
muy fácil es llegar al corazón.

Y lo dice un tipo que también escribió temas como: Yo quiero cantar un tango,  Decime que pasó, Viento malo, Somos, Te ví llegar, Sol,  Cofre de recuerdos, El pasado vuelve, Nos encontramos al pasar, Viejas ansias, etc. En otra oportunidad puse las versiones de Una emoción por la orquesta de Ricardo Tanturi con Enrique Campos y la muy buena también de Vanesa Quiroz. Ariel Ardit lo registró con la orquesta El arranque, con su acento tan tanguero. Osvaldo Ribó lo cantó y grabó con Roberto Grela.  El Polaco Goyeneche lo dejó grabado, acompañado por la orquesta de Atilio stampone.

Y yo traigo la hermosa interpretación de Raúl Berón con la distinguida orquesta de Lucio Demare. Fue el primer registro de este delicioso tango. Lo llevaron al disco el 3 de septiembre de 1943, dos meses antes que Tanturi-Campos. Suñé representaba a ambas orquestas.

A gozarlo.

Una emoción - Lucio Demare-Raúl Berón

























viernes, 12 de enero de 2018

Alfredo Bigeschi


Nació en Elba, la itálica isla mediterránea situada entre Córcega y la Toscana, donde fuera confinado Napoleón en 1814. Concretamente en su capital, Portoferraio, donde los Bigeschi Della Serra lucían blasones guerreros y eclesiásticos y aún conservan su casa-museo, un palacete con cuadros de los ancestros de títulos nobiliarios, aunque el piccolo Alfredito se crió en una casita proletaria, a la vuelta del palacio.

Cuando contaba 12 añitos, sus padres emprendieron el camino de América con valijas flacas atadas con correas y muchas ilusiones, llegando a puerto el 27 de abril de 1920. Siendo ya mayor añoró una y otra vez aquellas escalinatas de adoquín que subía airoso con su pandilla, y por fin, su sueño se hizo realidad cuando en 1960 el diario Crítica lo mandó a cubrir las Olimpíadas romanas. Allí volvió a sentir el aroma del pulpo cocido en bidones en los aledaños del puerto, retrepó la antigua escalinata contigua a su casa y reconstruyó la infancia perdida en el lejano Mediterráneo que ya no volvería a merodear.
                                       
   

Su incrustación en el Nuevo Mundo arrancó en la isla Maciel, junto a inmigrantes, aventureros, obreros portuarios y de la construcción, la runfla calavera de El Farol Colorado, o los sustratos del hampa que lucían sus cortes y quebradas en el recreo El Pasatiempo. Años duros, bravíos, más todavía para un chiquilín que no dominaba el idioma y que se topó bruscamente con la repentina ceguera del padre por lo cual debió arremangarse y salir a ganar el mendrugo diario.

Aunque abandonó el colegio, nunca dejó de leer, hasta sus últimos días y ello le facilitó el manejo de la lengua, los giros porteños y el descubrimiento precoz del naciente tango, el sainete y el costumbrismo local. Siendo monaguillo en Elba, el párroco descubrió su afición por la escritura y fue quien le recomendó leer mucho, consejo que seguiría a rajatabla y que le permitiría en poco tiempo colaborar en modestas publicaciones y hasta obtener un carné de periodista de El Poder de la Isla Maciel como reporter social, aporteñándose definitivamente.

                            

A dos años de la llegada, la familia se traslada a La Boca (Olavarría al 1000) y allí se vacuna para siempre como fana del equipo azul y oro y con el tiempo entablaría amistad con figuras como Cherro, Sarlanga, Valussi o Lazzatti. Su iniciación como poeta lo emparenta con Manzi o García Jiménez que anduvieron el mismo camino: letrista de las famosas murgas boquenses de la época, el barrio donde nació el carnaval. En esa fiesta de los pobres fue burilando su destino de poeta popular, sencillo, romántico.

Con 16 años y gracias a un calabrés, amigo de su padre, conoce al famoso Juan Maglio y le aporta unos versos a los cuales Pacho le pone música y así nace “Tango argentino”, dedicado al Intendente Municipal José Luis Cantilo, que estrena Ignacio Corsini a comienzos del 29 y Gardel entusiasmado, grabaría el 11 de diciembre de ese año. Con Pacho compondría otros 7 temas, entre otros “Guarany” y “Siete palabras”.
                                                

Gardel invita a los autores a viajar con él a Rosario y Casilda, y Bigeschi me contó que una noche, cenando en Chanta Cuatro, unos amigos le pidieron a Gardel que cantara algo y cuando vió sentado en una mesa vecina al joven letrista, cantó a capella “Tango argentino”, para regocijo de éste.
                                 
En 1933, con el bandoneonista Miguel Bonano, compuso otro tema de impacto: “La novena”, que cantaron numerosos intérpretes y Rodolfo Biagi lo consolidaría en 1939 con los versos recitados por Teófilo Ibáñez. Paralelamente avanza en su oficio de periodista, destacando en La Canción Moderna, El Alma que canta y dirigiendo El Canta Claro varios años, para después pasarle la posta a Alberto Cosentino, el autor de “Quemá esas cartas”. Desde su primer título: “Tenorios de mi barrio” hasta el último “Aquí parado en la esquina”, sumó unos 260 títulos registrados y muchos desperdigados.


Colaboró con músicos como Enrique Rodríguez en “Te quiero ver escopeta”, “Contigo pan y cebolla”, “Viva el carnaval” y “Mi muñequita”. Con Eusebio Giorno “Ay Catalina” y “Se va Pirulo”. Con Bonano además de “La novena” (impresionante la grabación de Oscar Alonso con la orquesta de Héctor Artola y el coro de Fanny Day), también hicieron “La canción de la ribera” y “Tardes porteñas”. Registró temas con los hermanos D’Alesandro, Agustín Irusta, Domingo Conte, José Otero, Vicente Salerno, los hermanos Edgardo, Osvaldo y Ascanio Donato, Alberto Soifer, los hermanos Servidio, Rafael Rossi, Scolati Almeyda, Graciano Gómez, Juan Martí, Virgilio San Clemente y Abel Olmedo entre otros.

Curiosamente le dedicó un tango al gran rival: “River Plate” con Francisco Rofrano; “Campeón”, a su club Boca Juniors, campeón de AFA de 1931. En varios temas compuso la letra y la música.

                                    

Fui compañero suyo durante unos 12 años en el diario La Razón y, pese a la diferencia de edad, me acercó su calor humano y pude bucear en su obra y sus avatares. La noche que se casaba con la porteña hija de sorrentinos, Carmen D’Angelo, en agosto de 1933, Edgardo Donato le estrenaba “La novena”. En su casa de Barracas, en la calle General Hornos, tuvieron dos hijos, Dina —maestra— y Alfredo —médico— y hasta un nieto.

Yo le decía que de sus tangos me encantaban “Qué podrán decir”, gran creación de Castillo con Tanturi y “Caricias” por Vargas con D’Agostino, que en Nueva York grabaría con éxito la orquesta de Enrique Méndez con la voz de Blas Hernández. A él le gustaba mucho la versión de Mercedes Simone que también le registró “Fotogénico”.

Pero la labor de Bigeschi fue mucho mas allá del tango. Hizo boleros como “Nuestro fracaso” que escribió para Leo Marini y armó el conjunto Tradición Nacional que recibió grandes plácemes en Radio del Pueblo. También creó los tangos teatralizados con el nombre de motivos populares que fue otro golazo. De ahí saltó a la radionovela, con tanta aceptación, que las emitían simultáneamente las radios Belgrano, Municipal y Mitre. En 8 años registró 36 títulos en Argentores. Fundó la revista Radiocine y editó el libro Motivos populares.

Estuvo en La Razón hasta que una hemiplejia le marcó la retirada. La muerte de algunos amigos, la pérdida de su querida casa de Barracas y, finalmente, otro derrame cerebral en la Mar del Plata que tanto le recordaba a su Elba natal, fue el último y decisivo golpe. Al dejar la casa de General Hornos escribió el vals “Adiós a la casa vieja” que musicalizó y grabó el cantor Pedro Ortiz. Ahí estaba dibujado su estilo de poeta sencillo, romántico y nostálgico. El de aquel chico inmigrante de 17 años al que Gardel le cantó esos versos: "Se ganó el cariño de la muchachada, / que en una cortada le dio el corazón...».

Lo recordamos en dos temas: Tango argentino, por la orquesta de Domingo Federico, cantando Mario Bustos, grabado el 20 de marzo de 1950. Y Qué podrán decir, por la Orquesta de Ricardo Tanturi, con la voza de Alberto Castillo, llevado al disco el 2 de marzo de 1943.



(Esta nota fue publicada y está en Todo Tango)


martes, 9 de enero de 2018

Bien milonga

   A mí me copa  el tango, muchachada,
   lo siento tan profundo y tan varón,
   no hay que ponerle tanta filigrama
   como los ases de la televisión.
   Podés bailar sencillo y sin entrada,
   no ves que el tango es simple y querendón
   si hasta es capaz de hacerte la gauchada
   de, sin palabras, ganarte un corazón.
           Mireya (Renée C. Díaz Giacometti)


Se vino el frío en las calles de España se vino... Pero nosotros te brindamos el calor de nuestra milonga. Un salón con piso de madera lustrosa, ideal para dibujar con la suela de los tamangos, y el clima que nos traslada la música desde el reproductor. Temas que no podés dejar de bailar. La Casa de Aragón -nuestro refugio milonguero- está en la Plaza de la República Argentina nº 6 de Madrid y allí te convocamos y te esperamos para que pases una de esas noches guapas que te dejan a nuevo. Desde las 21 hasta las 0 hs.

Esta noche del Martes 9 de enero, no te cases ni te embarques pero venite a milonguear. Y de paso cañaso, te avisamos que ha vuelto con ganas CHIQUÉ, la milonga de los sábados. El regreso ha sido muy positivo, con parejas venidas de distintos lares y el tercer sábado del mes, o sea el 20 de Enero, milongueamos en CHIQUÉ nuevamente desde las 21 hasta las 0.30, siempre en la Casa de Aragón. Avisamos con tiempo por si las moscas...

                             


Y para ir templando gaitas, o sea calentando el esqueleto sin necesidad de la estufa o la calefacción, te ponemos en onda, mostrándote a algunas parejas que destacan en el mundo. Juná y captá.

Esta vez arranco en Moscú, la capital rusa, ésa que Agustín Magaldi evocaba cubierta de nieve. Pero desde que se metieron con el tango tienen un calorcito bárbaro, ¿viste? Allá podrás ver bailando a Alejandra Mantiñán con Stanislav Fursov, la milonga La mulateada, por el Sexteto milonguero, cantando Javier Di Ciriaco.

                                   

Me doy una vuelta por Belgrado, capital de Serbia, donde baila la pareja integrada por Fausto Carpino y Stephanie Fesneau. Giran y se lucen bailando un valsecito: Adiós querida, por la orquesta de Juan D'Arienzo, cantando Héctor Mauré.

 

E ora vado a Catania per vedere un'altra coppia che distilla la classe. Son Murat Erdemsel y Sigrid van Tilbeurgh, que en el festival de la isla bailan el tango Una vez, por la Orquesta Típica Victor, cantando Ortega del Cerro.

                                    
 Ti aspettiamo questa notte. Anche el sabato 20. Apuntátelo en la agenda milonguera.




   
                      

lunes, 8 de enero de 2018

Rosita Quintana

Vale la pena recrear la historia de esta cantante de tangos que se consagrara en México como actriz, conservando los gorjeos de sus inicios y mereciendo los plácemes de críticos y público que la erigieron en gran figura del arte. A Trinidad Rosa Quintana, porteña del barrio de Saavedra, fue su abuela quien la introdujo en el manejo y la enseñanza de la guitarra y el canto. A sus 92 años puede presumir, en el país que la adoptó definitivamente como artista, de haber cuajado una obra perdurable y consagratoria.

Recuerdo perfectamente cuando volvió a la Argentina en 1961 y pude asistir a la presentación para el periodismo y ambiente artístico de la famosa obra musical Mi bella dama, basada en Pigmalion, de  Bernard Shaw en la que Rosita representaba el papel de Eliza Doolitle. En un gran elenco destacaban también Dringue Farías, Duilio Marzio, José Cebrián y Beatriz Bonet entre muchos otros. Significó el regreso triunfal de Rosita, a quien luego vería en Caño 14, incluso.

                                 


Su abuela le detectó la vena artística y su madre la inscribiría en la escuela de canto de los hermanos José y Alberto De Caro. Y con 15 años se empina en el escenario como vocalista, junto a Félix Gutiérrez en la orquesta de Emilio y José de Caro, y con el conjunto de Mario Azzerboni, en el histórico Café Nacional de la calle Corrientes. Los aplausos con que la premiaron, sirvió para darle cuerda a su vocación, con el beneplácito de la familia. Sus voces interiores, las voces que la rodeaban y la precedieron, le señalaron el camino. Rodolfo Scianmarella le entregó algunos temas suyos para que los interpretara y la hizo debutar en el Teatro Casino.

Viajaría a Chile en 1947, con el conjunto de guitarras de José Canet, con quien mantenía además una relación sentimental. Actuarían en radios, teatros y en un festival donde también estarían Libertad Lamarque, Jorge Negrete, la orquesta del Chula Clausi y la chilena de Porfirio Díaz. Negrete se sintió encandilado por su figura y su estilo, y presentados ambos por Libertad Lamarque, la invitaría a viajar a México donde él le gestionaría el contrato de presentación en el famoso restaurante-cabaret El Patio. El apoyo y los consejos de Libertad fueron decisivos y la madre acompañaría a Rosita en el viaje.

                                            


Con Canet romperían entonces la relación, y allí, en Santiago de Chile, el gran guitarrista compone su tango: La abandoné y no sabía, que sigue goteando el dolor de la despedida en discos antiguos y voces modernas. Debutaría ganando, Rosita en El Patio, y sería la puerta de entrada a su destino definitivo, porque la estaban esperando el cine, las salas de espectáculos y la consagración definitiva. Al año siguiente de llegar debuta en cine y terminaría interviniendo como figura, en más de cincuenta películas mexicanas. Incluso sería dirigida por Luis Buñuel y tendría como compañeros a los más importantes actores mexicanos, cuando el cine de ese país estaba en la cresta de la ola.

En 1954 ganó el primer Premio en el Festival de Cine de Moscú. En 1955 se llevó el  Wurlitzer como cantante de rancheras. En 1956 obtuvo el premio Campana de la Libertad en el Festival de Berlín. En 1964, se llevó el  Perla del Cantábrico, en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián.  En 2016 el Premio Ariel de oro, respalda su categoría de estrella del escenario, el cine y el canto.

                                   
Rosita con otras dos argentinas triunfadoras en México: Libertad Lamarque y Marga López

Filmaría, al regreso,  tres películas en su tierra natal, que siempre recordaría. Incluso cantó en el boliche de La Paternal: El rincón de los artistas. Tenía el acento mexicano pero al poco tiempo de estar en Buenos Aires regresaba a sus inicios y le volvían los tonos familiares. Se casó con un famoso productor mexicano, gerente de la Paramount: Sergio Kogan, con quien tendría un hijo. A su muerte reincidiría en el matrimonio.

Es importante volver a escucharla cantando los tangos de sus principios. En este caso se trata de un CD que grabó en Buenos Aires, en 1965, en el que la acompañan, músicos del calibre de  Enrique Francini en violín, Roberto Grela en guitarra, Domingo Federico en bandoneón, Kicho Díaz en contrabajo , Osvaldo Berlingieri en piano y José Bragato en viola. La dirección es de Carlos García y los arreglos de Héctor Stamponi, que acompañó varias veces a Rosita y la conocía de México cuando estuvo allí y permaneció acompañando a Amanda Ledesma.

                               


Al principio canta Charlemos Buenos Aires, con letra suya y música de Héctor Stamponi. A continuación Pedacito de cielo, el valsecito de Homero Expósito, Enrique Francini y Héctor Stamponi. Merece seguir parando la oreja. Para cerrar, el tango de Azucena Maizani: Pero yo sé.

Charlemos Buenos Aires - Rosita Quintana

Pedacito de cielo - Rosita Quintana

Pero yo sé - Rosita Quintana




viernes, 5 de enero de 2018

Facundo Posadas

Le he dedicado en este blog alguna página a este representante del tango milonguero y de exhibición, a quien traté en Madrid cuando vino al Festival de Tango que organizaban Pablo Ojeda y Beatriz Romero. En aquella época estaba en pareja con Kelly, morena como él, incluso bailé con ella en el cierre del festival. Siempre destacó por su elegancia y hoy tiene su propia milonga en Estados Unidos, baila con una china de Taiwan, Cing Ping-Peng y sigue luciendo su perfil milonguero y elegante.

Es todo un referente y además luce en su prosapia familiar, a fundadores de la saga del tango como Carlos Posadas, el autor de El retirao, Cordón de oro, El jagüel, El tamango, el Toto y otros. Lo que confirma lo que tantas veces he comentado sobre la importancia de los afroargentinos en la génesis del género musical que hoy luce sus galas en el mundo entero. Precisamente Carlos Posadas era tío bisabuelo de Facundo.

Facundo Posadas y Christie Coté
                                       

Es importante escuchar a los milongueros de años pasados, cuando el tango bailable era furor y fervor en Buenos aires. Los que hemos tenido la suerte de frecuentar aquellas multitudinarias milongas, mamado en los códigos transmitidos de generación en generación, moviéndonos en vivo con las grandes orquestas que hoy nos acompañan a través de los registros discográficos, apreciamos la posibilidad de escuchar a algunos veteranos que llegan a estos días y nos brindan su mirada lúcida sobre el ayer y hoy de la milonga. Ese lugar que nos convoca con toda la carga de pasión que encierra entre sus paredes. Y también habla de aquellos bailarines que no tenían fama más que entre los milongueros, pero que siempre existieron y conocimos.

Por eso los invito a ver y escuchar este reportaje que le hacen los muchachos de Farol tanguero, en el cual Facundo Posadas desgrana sus vivencias, y reflexiona sobre las diferencias entre el ayer y el hoy del tango bailado. Entre aquellas y estas milongas. Vale la pena escucharlo.

                                       

                       


miércoles, 3 de enero de 2018

Manuel Jovés

"El argentino desciende... de los barcos", sentenció en una oportunidad Jorge Luis Borges, dando a entender que la llegada de tantísimos inmigrantes europeos al puerto de Buenos Aires, había generado infinidad de hijos de aquellos que huían de guerras y miserias y buscaban su porvenir en la lejana tierra que los acogía, y de la que habían oído hablar a algún familiar o vecino que se les había adelantado en el viaje.

Muchos de aquellos que arribaban a la capital del lejano país, traían en sua alforjas unas dotes musicales maceradas en conservatorios,  y otros el manejo del lenguaje poético. El tango los recibiría con los brazos abiertos y les daría total libertad para que se incrustaran en la música nacida a fines del siglo diecinueve en los barrios proletarios y que caminaba con paso firme hacia metas mayores.

                             
Manuel Jovés en Cataluña

Uno de esos músicos privilegiados fue el pianista nacido en Manresa (Barcelona), Manuel Jovés I Torras, que en su nuevo destino se quedaría solamente con el primer apellido, como sucedía con los extranjeros. Era joven,  tenía apenas 22 años y se aquerenciaría pronto con el clima de la noche porteña. Para comenzar montó una academia de música y canto y se integró, como violinista en el conjunto de música clásica  que se presentaba en el Café Colón, de la Avenida de Mayo. Tenía ideas y metas definidas, y acompañaría a las que serían estrellas del arte español, como Lola Membrives, la Goya, Raquel Meller, viajando con con ella por el interior de Argentina, Uruguay y Chile.

Pero era muy importante el bagaje que traía en sus alforjas y que explicaría el éxito que lograría en su nuevo país. Había estudiado música, piano y violín con el Padre Guzmán  en el Monasterio de Montserrat. Fue todo un talento precoz, y ello explica que con apenas 19 años de edad pasase a dirigir el prestigioso Orfeo Manresá, de cienco cincuenta músicos. También jovencito comenzó su carrera de compositor y varias de sus sardanas fueron premiadas en concursos. Tendría problemas con algunos de los directivos y decidió renunciar al Orfeón, tres años después, y marcharse bien lejos. Así surgió su llegada a Argentina.

                                 

Le apasionó de entrada el folklore sudamericano. En Chile formaría el dúo Las porteñas (Carmen Romero y Ernestina Ramírez) a quienes acompañaba y les proporcionó el repertorio componiendo fados, zambas, pasodobles, cuplés y canciones varias. En su regreso a Buenos Aires daría el salto al tango que lo sentía profundamente. Se incrustó en el Teatro de revistas con un prestigioso compatriota suyo, periodista, poeta, creador teatral, Antonio Viérgol -madrileño-, para el cual crearon no sólo el entramado verbal, sino incluso el musical, que estaba a cargo de Jovés, inventando temas y dirigiendo la orquesta.

Precisamente con Viérgol, compondrían  un éxito de larga duración como el tango Loca, que grabaría Carlos Gardel y que merecería la expresión de D'Arienzo al grabarlo -"¡Qué polenta le metió Jovés a este tangazo"- También compusieron: Rosa de fuego, Campanita de la aldea, Una más, Pobre china y Venga champán, que estrenarían precisamente en algunas de las revistas armadas entre ambos.
                                                                                            
Manuel Jovés fue muy prolífico y creó una gran cantidad de tangos. Gardel llevaría al disco siete de ellos: Buenos Aires, La provinciana, Pobre milonga, Corazón de arrabal, Nubes de humo,  Loca y El patotero sentimental, que fuera gran éxito de Ignacio Corsini, quien lo estrenó en 1922 en la obra "El bailarín del cabaret", en el teatro Apolo, por la compañía de César Ratti, con texto de Manuel Romero. Incluso. Gardel le tenía en gran estima, le llamaba gallego, como se acostumbraba con los españoles y Jovés se mataba de risa. Cuando lo corregía diciéndole que él era catalán, Gardel le replicaba, "Ah, bueno, sos el talanca..."- y tenía que explicarle que se lo decía al vesre... Incluso en  un par de temas suyos que grabó, le pidió a Barbieri que los preparara con Jovés en su casa.

 La sociedad que estableciera con Manuel Romero, le reportó gran resonancia a la obra del pianista de Manresa. Entre ambos compusieron obras de trascendencia y largo alcance, como el citado Buenos Aires, estrenado en la obra teatral "En el fango de París", el 22 de febrero de 1923 en el Teatro Maipo, por el actor Carlos Morganti. En la misma obra se lució Manolita Poli con un shimmy: París, de los mismos autores.  El hecho de que Romero -hijo de andaluces- dirigiera teatro y cine le dieron relevancia a esos tangos. También en sociedad crearon: Nubes de humo, Patotero sentimental, Corazón del arrabal, Pobre milonga La provinciana.

Permanentemente se editaban en París las obras de Jovés, que fue cuantiosa, incluso en la creación de revistas musicales, muchas de las cuales también dirigió. El piano estaba siempre preparado para emitir señales en la casa de Jovés, visitado por mucha gente del ambiente y artistas a los que les entregaba sus creaciones. Se sintió muy identificado con el habla porteña, el lunfardo y la amistad, a tal punto que se nacionalizó argentino. Por todo eso también fue muy querido y se sintió su temprana muerte. Tenía apenas 41 años, cuando falleció en Buenos Aires  en agosto de 1927. Afortunadamente dejó una gran obra musical, parte de la cual sigue vigente en los repertorios de nuevas orquestas y cantantes y en la música que motiva a los bailarines en milongas de todo el mundo.

Lo recordamos en dos temas suyos. Escuchamos a Edmundo Rivero cantando Nubes de humo sobre la música de la orquesta de Carlos Di Sarli, grabado en 1960. Y a María de la Fuente, acompañada por la orquesta dirigida por Ástor Piazzolla, en Loca, grabado en 1952.

Nubes de humo - Edmundo Rivero-Carlos Di Sarli

Loca- María De la Fuente -Ástor Piazzolla